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¡Hola!
Disculpen que envíe una cadena, sin embargo, saben perfectamente que nunca lo hago si no es extremadamente necesario. El día de hoy me perdí mientras iba a comprar un árbol de navidad... iba por Xola cuando un taxista atropelló una perrita Cocker... ¡obvio no se detuvo el tipo! Fue una escena horrible, sin embargo, me detuve, levanté a esta pequeñita y la llevé a un veterinario. La verdad, expuse mi vida y me espanté muchísimo porque la perrita del susto se hizo del baño y vi mucha sangre en su hocico. Salí corriendo a tomar una bandeja que tenía en mi coche y cuando abrí la cajuela, vi que otro coche pasó por encima de la perrita y la hizo volar. Salí corriendo para detener el tráfico y un coche casi me atropella, pero creo que exponerme valió muchísimo la pena. Yo tenía miedo que la perrita me mordiera, sin embargo me armé de valor, la levanté y la puse sobre la bandeja. Pedí auxilio a los vecinos que me dijeron dónde había un veterinario. La llevé rápido y luego reflexioné que puse mi vida en peligro, pero felizmente Laila, como decidí llamarla, está muy bien, sin ningún hueso roto y con todo perfecto. La verdad es que aún con todo el dolor que sentía, no me mordió y al llevarla al veterinario, se dejó hacer toda la revisión e inyecciones sin quejarse. Al final me echó una mirada (la de la foto de la derecha) donde lo único que pude leer fue: GRACIAS. El gracias más grande que alguien pudo haberme dado en la vida. El gracias que uno da con una mirada sin necesidad de decir una sola palabra: una conexión entre dos almas que saben que todo está bien y que ya se puede respirar tranquilos.
Desgraciadamente ahora no sabemos a quién le pertenece ni nada. Yo la verdad, no puedo quedármela porque como bien saben, tengo ya a Coccolina y no tengo espacio para una Cocker en casa. Sólamente tengo 24 horas para decidir el futuro de esta preciosa.
Creo que en estos días de Navidad, donde lo más importante es comprometernos con el mundo y con nosotros mismos, adoptar a una perrita así de especial es un acto de amor que vale muchísimo la pena. Yo ya pagué todos los gastos del accidente y no me interesa cobrarlos. Lo que más me importa es que esa chiquitina que tuvo la suerte de que yo fuera pasando por ahí, tenga un hogar y una segunda oportunidad, sin embargo, el tiempo es poco. Por favor, alguien debe tener un corazón enorme para quedarse con esta chiquitina. Les anexo fotos.
Pienso y estoy seguro que lo de hoy fue un milagro, porque si no me hubiera detenido, Laila habría sido atropellada por algún otro coche que hubiera pensado que ya estaba muerta cuando en realidad estaba en shock. Fue un milagro que yo estuviera perdido, fue un milagro que yo fuera pasando por ahí en ese preciso momento, fue un milagro que el veterinario estuviera abierto en domingo a las 7 de la noche y estoy seguro que Laila es la perrita que alguien ha estado esperando... ese milagro que alguno de ustedes necesita en su vida. Hagamos que ese milagro se haga realidad y démosle un hogar a Laila.
Termino con una reflexión: Quisiera que si algún día algún familiar o yo mismo sufriera algún accidente haya alguien que decida detenerse y llevarme a un hospital y se preocupe de mis cuentas hospitalarias. Piensen que esto podría pasarle a ustedes mismos... En ese caso ¿se detendrían? Si ven que alguien ya ha atropellado a alguien... ¿se detendrían o quizá como ya está muerto, le pasarían por encima? Laila, quien estaba bien, sólamente muy espantada, pudo haber muerto si alguien más hubiera decidido no detenerse. Estas cosas son las que hacen la diferencia.
Por favor, reenvíen este mensaje y pónganse en contacto conmigo.
Atentamente,
Rafael Rojas Pérez
Cel. 04455 91450643
Laila

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